5 mujeres científicas que quizá no conocías (parte 2)
A lo largo de la historia, numerosas mujeres científicas han realizado contribuciones fundamentales que han transformado el conocimiento en diversas disciplinas, aunque muchas de ellas enfrentaron barreras y prejuicios en sus respectivos campos. Figuras como Katherine Johnson, Christina Koch, Karen Uhlenbeck, Jocelyn Bell Burnell y Barbara McClintock son ejemplos destacados de perseverancia, ingenio y excelencia en la ciencia. Sus descubrimientos en áreas como la astrofísica, la genética, la matemática y la exploración espacial no solo rompieron barreras de género, sino que también abrieron nuevas fronteras para futuras generaciones de investigadores. Este artículo explora la vida y legado de estas mujeres pioneras, cuyas aportaciones han dejado una huella imborrable en la historia de la ciencia.
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Lista de 5 mujeres científicas que quizá no conocías
Katherine Johnson

Katherine Coleman Goble Johnson, nacida el 26 de agosto de 1918 en Virginia, Estados Unidos, fue una matemática destacada que contribuyó significativamente a la aeronáutica y los programas espaciales de la NASA. Calculó la trayectoria del proyecto Mercury y la misión Apollo 11 en 1969, que llevó al hombre a la Luna.
Desde joven, Katherine mostró un talento excepcional para las matemáticas, graduándose de la secundaria a los 14 años y de la universidad a los 18, con títulos en matemáticas y francés. Debido a las políticas raciales de la época, se dedicó inicialmente a la enseñanza, pero en 1950 fue contratada por la NACA (predecesora de la NASA) para realizar cálculos en el Departamento de Guía y Navegación.
Su habilidad matemática la llevó a ser reconocida por sus colegas, desempeñándose como una pieza clave en la NASA durante 33 años. Además de su trabajo en la misión Apollo 11, también participó en el programa Space Shuttle y en proyectos de misión a Marte.
Katherine recibió numerosos premios a lo largo de su vida, incluyendo la Medalla Presidencial de la Libertad. Su historia fue retratada en la película «Hidden Figures». Katherine Johnson falleció el 24 de febrero de 2020, a los 101 años, dejando un legado como una pionera que rompió barreras raciales y de género en la ciencia.
Christina Hammock Koch

Christina Hammock Koch, nacida el 2 de febrero de 1979 en Estados Unidos, es una ingeniera eléctrica, física y astronauta reconocida por sus logros en la NASA. Koch se graduó en la Escuela de Ciencias y Matemáticas de Carolina del Norte y obtuvo títulos en ingeniería eléctrica y física en la Universidad Estatal de Carolina del Norte. En 2001, completó el programa de la Academia de la NASA en el Centro Goddard de Vuelo Espacial (GSFC).
Koch trabajó como ingeniera eléctrica en el GSFC, contribuyendo al desarrollo de instrumentos científicos para varias misiones de la NASA. Entre 2004 y 2007, trabajó en el Ártico como investigadora asociada en el Programa Ártico de Estados Unidos, enfrentando duras condiciones climáticas y aislamiento extremo, lo que la preparó para futuros desafíos en su carrera.
El 18 de octubre de 2019, junto a Jessica Meir, Koch hizo historia al participar en la primera caminata espacial compuesta exclusivamente por mujeres. El 6 de febrero de 2020, aterrizó en Kazajistán tras pasar 328 días en órbita, estableciendo un récord de permanencia en el espacio para una mujer, superando a Peggy Whitson.
Koch ha expresado su deseo de ser una fuente de inspiración para futuras generaciones de exploradores espaciales y es considerada una posible candidata para las misiones de retorno a la Luna previstas para 2024. Además de su trabajo en la ciencia, Koch ha colaborado en labores de lucha contra incendios, rescate en océanos glaciares y otras actividades altruistas.
Karen Keskulla Uhlenbeck

Karen Keskulla Uhlenbeck, nacida el 24 de agosto de 1942 en Cleveland, es una matemática estadounidense reconocida por ser la primera mujer en recibir el prestigioso Premio Abel, considerado el «Nobel» de las Matemáticas. Su interés por la ciencia comenzó a temprana edad, influenciada por su padre, un ingeniero que le proporcionó libros sobre astrofísica y matemáticas.
Aunque inicialmente comenzó a estudiar física en la Universidad de Michigan, pronto se reorientó hacia las matemáticas. Uhlenbeck continuó su formación en el Instituto Courant de Ciencias Matemáticas en la Universidad de Nueva York y obtuvo su doctorado en 1968 en la Universidad Brandeis bajo la dirección de Richard Palais.
A lo largo de su carrera, enfrentó barreras de género significativas, reflejadas en la dificultad de conseguir empleo en el ámbito académico. Sin embargo, su trabajo revolucionario en el campo del análisis geométrico y su contribución a las ecuaciones en derivadas parciales geométricas y la Teoría Gauge la han consolidado como una figura clave en la matemática moderna.
Uhlenbeck ha recibido numerosos premios y reconocimientos, entre ellos la Beca MacArthur (1983), la Medalla Nacional de la Ciencia de Estados Unidos (2000), y el Premio Steele. En 2019, fue galardonada con el Premio Abel, convirtiéndose en la primera mujer en recibir este reconocimiento desde su creación en 2003.
Karen Uhlenbeck es también una defensora de la igualdad de género en las ciencias, consciente de su papel como modelo a seguir para las mujeres jóvenes en matemáticas. Ha subrayado la importancia de demostrar que el éxito es posible incluso para aquellos que no son perfectos, alentando a futuras generaciones a seguir sus pasos.
Jocelyn Bell Burnell

Susan Jocelyn Bell Burnell, nacida el 15 de julio de 1943 en Belfast, Irlanda del Norte, es una astrofísica reconocida por ser la primera en detectar la radioseñal de un púlsar, un hallazgo fundamental para la astronomía. Aunque trabajó junto a Antony Hewish en esta investigación, fue él quien recibió el Premio Nobel de Física en 1974, mientras que Bell Burnell no fue incluida en el reconocimiento, un hecho que ha generado controversia.
Bell Burnell obtuvo su licenciatura en Física en la Universidad de Glasgow en 1965, y luego ingresó a la Universidad de Cambridge para su doctorado. Allí, trabajó en un equipo liderado por Antony Hewish que construyó un radiotelescopio para observar cuásares. En 1967, durante el análisis de los datos obtenidos, Bell Burnell detectó unas señales de radio regulares que no correspondían a cuásares ni a fuentes terrestres o satelitales. Estas señales fueron identificadas como provenientes de estrellas extremadamente masivas y rápidas, a las que se denominó pulsares. El primer pulsar descubierto es conocido hoy como CP 1919.
Después de su descubrimiento, Bell Burnell continuó su carrera en la Universidad de Southampton, donde investigó la astronomía de rayos gamma. También enseñó astronomía de rayos X en el Mullard Space Science Laboratory en Londres, utilizando datos del satélite británico Ariel V.
Aunque no recibió el Nobel, Bell Burnell ha mantenido una actitud positiva al respecto, afirmando que su vida ha sido mejor sin ese galardón. En 2015, recibió la Medalla de Oro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, y en 2018 fue galardonada con el Premio Especial de Avances en Física Fundamental, que donó para apoyar a mujeres, minorías subrepresentadas y estudiantes refugiados en el campo de la física.
Actualmente, Jocelyn Bell Burnell es profesora visitante en la Universidad de Oxford y continúa siendo un modelo a seguir, inspirando a futuras generaciones de científicos y demostrando que, a pesar de las adversidades, es posible hacer grandes contribuciones a la ciencia.
Barbara McClintock

Barbara McClintock (16 de junio de 1902 – 3 de septiembre de 1992) fue una destacada científica estadounidense especializada en citogenética, conocida por sus revolucionarios descubrimientos en el campo de la genética. Su trabajo más importante, por el que recibió el Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 1983, fue el descubrimiento de los elementos «transponibles» o «genes saltarines», fragmentos de ADN que pueden moverse y replicarse en diferentes posiciones dentro del genoma.
McClintock desarrolló una técnica para identificar y diferenciar los cromosomas del maíz, lo que le permitió estudiar de manera detallada la dotación cromosómica de las células. A lo largo de su carrera, trabajó en varias instituciones, incluida la Universidad de Cornell, la Universidad de Missouri y el Laboratorio Cold Spring Harbor, donde continuó sus investigaciones de manera independiente.
A pesar de que su descubrimiento de los elementos transponibles no fue inicialmente aceptado por la comunidad científica, investigaciones posteriores en otras especies, incluyendo bacterias y humanos, confirmaron la validez de su trabajo, lo que llevó al reconocimiento tardío de sus aportaciones.
Barbara McClintock fue la primera mujer en recibir el Nobel de Medicina en solitario, y su legado perdura como una figura clave en la genética moderna. Falleció a los 90 años, habiendo dedicado su vida a la ciencia y dejado una profunda huella en el campo de la genética.
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